Mar sin mapa

Estaba ahí, tan cercano como inaccesible, tan deseado como prohibido.
Siempre le había percibido como la otra orilla. Yo era una, y él, la de enfrente. Teníamos todo el recorrido de un largo río para tender un puente que nos conectase y acercase. Pero ahora, repentinamente el río había desembocado en un mar que no aparecía en el mapa. La ilusión de convertirnos en trucha y nadar río arriba no era más que una lejana quimera, porque lo que bajaba, aparte del agua, era el tiempo, y no se podía revertir.

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