Pequeña valiente

La he buscado muchas veces fuera cuando la tenía dentro, reposando en mis rincones cohibidos, deseosa de que le diera la orden para empezar a trepar por mis entrañas y escurrirse por mis dedos, de dentro hacia afuera, atravesando la piel, convirtiéndose en palabras. Y yo empezando a pensar que esa manera de sentir con el alma descubierta, que esa magia que me da cuerda, se había marchado sin dejar rastro, tan siquiera una nota o un mapa que me ayudase a encontrarla de nuevo. Y resulta que estaba ahí, paciente, serena, simplemente esperando a que acallase las críticas que me hacían perder la fe y el amor en mí y volviese a mirar hacia dentro. No tuve que hacer más. Escuchar el leve susurro de su letargo, atreverme a mirarla, mirarme, encontrarla, encontrarme, expresarla.
Vuelvo a recuperar la palabra. Vuelvo a recuperar la vida que corre por mis venas.

Gracias, pequeña valiente que vives en mí por esperarme todo este tiempo, por no abandonarme, por hacerme ver, ahora sí, que eres parte de mí.

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