Tormenta

Lluvia. Tormenta. Ventisca.

Levanto la mirada… Desaparecieron ya las gemínidas que habitaban el cielo.
Un aire repentino revuelve las hojas que yacían dormidas. Maestras de la entrega. Entrega absoluta a la noche de invierno que las barre dejando lugar a una nueva vida.
Tierra. La misma tierra que reposaba hace un instante bajo mis pies, se enreda furiosa en mi pelo sin preaviso y me pinta la cara de un gris ceniza. Viejas magulladuras me saludan de nuevo.

Una puerta. Una puerta en mitad de la nada. Un punto que siempre me acompaña. Apenas levanto el dedo. Respiro. Le acaricio suave. La puerta se abre. Dentro: la paz, la calma, el abrazo. El tiempo.

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