Barriguillas alumbradas

Estaba sentada en el muelle con la mirada y el sentido perdidos en el mar. Todo cuanto escuchaba era su susurro. Ni si quiera mi cabeza se permitía hablar. Estaba mecida, abrazada, caliente…y cada átomo de mi cuerpo estaba entregado a ello.

La tarde caía y un avión cruzaba discreto el silencio. Desde ahí abajo, se asemejaba a un animalillo inocente, tan inocente que llevaba su barriguilla alumbrada dejando al descubierto su parte más sensible. En mi imaginación, yo le hacía cosquillas en la barriga en un acto de simpatía y complicidad.

Mi amiga me habló y en contra de mi voluntad tuve que volver al mundo para seguir atendiendo a la charla.

Levanté la mirada buscando de nuevo al avión en el intento de recuperar aquel juego, aquella magia, aquella paz, pero mis pies ya habían tocado tierra.

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