Este baulcito mío

Debería de existir alguna manera de reproducir los recuerdos que tenemos grabados en las más profundísimas grietas de nuestra memoria. Esos que irrumpen repentinos conquistando y relegando el presente. Esos que podrían parecer nimios bajo la mirada pragmática que vamos adquiriendo con el tiempo. Esos recuerdos que posiblemente sean los más significativos, los más influyentes, los más solemnes.

Estaba esta noche charlando con unos amigos y al escuchar algo de un ‘carrito de la compra’ me han venido a la memoria los paseos que daba con mi abuela de su casa al mercado algunas mañanas. A mí me encantaba el viaje de ida. El carrito iba vacío y yo siempre iba sentada encima (cómo no sería de pequeña que recuerdo apenas rozaba el suelo con los pies). Me sentía la persona más feliz del mundo porque, de alguna manera, mi abuela se prestaba a jugar conmigo y, a su vez, compartíamos tiempo juntas haciendo cosas ‘de mayores’ que para ella eran importantes.

Cuando llegábamos al mercado, la pollería o la pescadería eran la primera parada. Después íbamos a la tienda de Manolo. Este era mi puesto preferido. Estando allí, levantaba la cabecita y saludaba a Manolo esperando que asomase por encima de aquel mostrador lleno de quesos brillantes bañados en aceite. Mientras mi abuela charlaba con él, me acercaba donde tenía secando el bacalao y pellizcaba unas miguitas. Él siempre fingía no verme. Es posible que aquel disimulo, junto con el hecho de que aquel pescado tan delicioso me pillase a buena altura, fuese la causa de mi gusto excesivo por la sal.

Siempre me regalaba un poquito de queso. La corteza era lo que más me gustaba. Cuántas veces no habré regresado a aquel puesto, a lo largo de casi 30 años, al comerme algún cachito con los bordes incluídos.

Mi abuela solía comprar un paquete de mielitos (siempre era lo último que pedía) y, con el carro lleno de cosas ricas, nos poníamos en marcha. Los días que se paraba en la frutería me aburría profundamente. Creo que, además de la charla, tanto estímulo colorido me aturdía. Lo peor, sin duda, era cuando hacía una visita al puesto de chaquetas y camisas. Yo aprovechaba ese rato para inspeccionar las salidas traseras de la galería de alimentación. Solía terminar en lo que a mí me parecía un ‘pasadizo secreto’. Siempre estaba oscuro, era frío y normalmente no solía pasar nadie por allí.

Esa película de nuestra vida, formada por las escenas más simples y más sustanciales a la vez, es una de las cosas que más me inquietan cuando pienso en la muerte. Me parece mentira que estas memorias que guardan tanta esencia caigan en el saco sin fondo del tiempo y queden suspendidas en la nada sin un rescatador que de vez en cuando las reviva. Claro que, ¿tendrían algún significado para alguien que no las haya protagonizado?

Tal vez no. Tampoco sabemos exactamente cómo juega a recomponer nuestra memoria a partir de los tres elementos clave que retenemos de cada escena.

Parece mentira que este baúl mágico, capaz de hacernos viajar en el tiempo al mismo lugar en el que estuvimos hace décadas, capaz de guardar de manera aparentemente intacta lo más valioso de nuestra vida, se quede vagando por la historia sin alguien que lo explore y saboree. A mí me gustaría, me encantaría, conocer esos elementos clave, esa película tan viva de mis padres, de mis abuelos, de mi bisabuelos… cogería la línea genealógica y escalaría por ella cientos de años atrás. Me gustaría saber qué retenían, qué sensaciones, qué momentos guardaban. Me gustaría descubrir de esta manera quiénes eran y quién soy yo.

Si algún día alguien consiguiese abrir este baulcito mío (la escritura podría ser una llave) descubriría, entre todo su contenido, algo que guarda un brillo especial: los momentos de una época en la que lo único que importaba era la trama y no lo que pasara mañana.

pmm2

3 respuestas a “Este baulcito mío

  1. garabatos56com diciembre 21, 2016 / 12:21 pm

    es hermoso podernos detener y cargarnos las pilas con recuerdos que nos inspiran para seguir en nuestro camino, gracias por compartirlo

    • Aroa Reyes Otero diciembre 21, 2016 / 1:44 pm

      Gracias a ti por el comentario. Estos pequeños gestos de reconocimiento también alimentan

  2. garabatos56com diciembre 21, 2016 / 4:24 pm

    hay que ver lo que otros escriben, alimentarse de una buena escritura para seguir evolucionando, según yo entiendo, como un simple escritor de garabatos, que sigas teniendo buena vida y seguiré pasando por tu blog, para continuar creciendo, un abrazo virtual

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