Palabras

Normalmente escribir me libera. Incluso cuando mi pecho ignora por completo el motivo que distorsiona su compás y su calma, las palabras se ordenan solas para acabar estrellando mi angustia en una sensación de alivio.

Pero hay momentos en los que ocurre “algo” que me despista tanto que las letras no saben por dónde salir.

En ese momento me encuentro ahora.

¿Cómo borro de mis ojos la pena que sienten cuando las palabras de un tercero les arañan?

Ojalá existieran tiritas para esas sensaciones que sólo el tiempo puede calmar y resolver. Sensaciones bipolares que transforman en un instante una ilusión en rasguño, que cambian las ganas por el contorno de mi espalda y por una cara que apenas quiere girarse para entender.

Sí. Quizás otorgue desmesurada importancia a las palabras, quizás peque en el vicio de descifrar inconscientemente la entonación, la intención y la emoción que subyacen bajo ellas, quizás mis ilusiones tengan más de quimera que de realidad, quizás me desvista sin cuidado de toda cautela a la hora de soñar muy despierta (aunque esto es algo a lo que jamás renunciaría) o quizás mi sensibilidad me exponga demasiado a los vaivenes de las infinitas interacciones con un exterior que a menudo resulta falto de perspectiva y de empatía.

Quizás descartar un motivo inocente o trivial sea un desacierto común que solemos cometer cuando nos obstinamos en rebuscar entre nuestra percepción y el mundo cualquier tipo de doblez que acabamos asimilando como respuesta. Creo que cuando uno rebasa cierto límite de un estado emocional, el patrón por el que tiende a percibir y analizar su alrededor está sesgado por el estado de ánimo dominante y, en mi caso, es la sensibilidad la que me está gobernando en este instante de enredo.

Pero cuando el lugar que ocupa una se tiñe vulnerable, ¿cómo hace para continuar tratando de desenredar los nudos de su mochila si la más mínima sutileza puede convertirse en una amenaza a su sonrisa?

A veces pierdo la fórmula y otras, sin embargo, creo que nunca he estado cerca de hallarla. Que si en algún momento he ensordecido por completo ante ciertos temores no ha sido más que una efímera y utópica ilusión.

No obstante, aún sintiéndome esbozada entre un lienzo de dudas, soy de las que prefieren la candidez (asumiendo el precio de batallar cada uno de los golpes) a transformar mi ingenua manera de sentir por miedo a la caída.

Hoy las letras no me liberan. Esta noche mi desconcierto, mi pena y yo seremos tres extraños en una cama que no quiere ser compartida. A ver quién acaba durmiendo en el suelo y quién despierta más fresco de los tres.

9 respuestas a “Palabras

  1. Aroa Reyes Otero julio 28, 2016 / 12:00 pm

    Si alguien gusta, se agradecen opiniones críticas sobre cualquier entrada. En esta concretamente no sé si soy capaz de transmitir correctamente una visión clara acerca de lo que hablo o si por el contrario la lectura resulta un tanto abstracta 🙂

  2. almaterrena julio 29, 2016 / 4:47 pm

    Aroa, creo que entiendo bien las sensaciones y el momento emocional que describes. Yo también he sido siempre muy sensible y, por desgracia, eso ha conllevado una exposición al mundo que, por lo general, ha derivado en incomprensión y varapalos. Hubo momentos en los que escribía casi compulsivamente, tratando de vaciarme de mis emociones, de comprender un entorno que no se molestaba en comprenderme o de creer que estaba equivocada y que debía esforzarme por transformarme en otra cosa que no fuera yo. Pero afortunadamente eso no ocurrió. Fui cumpliendo años, viviendo experiencias y encontrando a otras personas, unas más sensibles y otras menos, pero todas muy valiosas para mí, y aprendí que todo lo que había escrito, aunque creía que no tenía pies ni cabeza, resultó que había realizado un trabajo en mi subconsciente, construyendo y destruyendo hasta que, cuando menos lo esperaba, se produjo la liberación. Continúa escribiendo. Estoy convencida de que, al final, todas tus palabras encontrarán su propio sentido, aunque parezca abstracto (los conceptos más simples son siempre los más difíciles de comprender). Un abrazo.

  3. Aroa Reyes Otero julio 29, 2016 / 6:25 pm

    Gracias por compartir esto conmigo 🙂
    Creo que nadie debería esforzarse en cambiar lo que es en esencia ni reprimirlo en virtud de unos moldes tan estudiadamente establecidos e incuestionadamente aceptados.
    Yo personalmente siento debilidad, atracción, interés, por la gente ‘diferente’.
    Sobre la sensibilidad, creo que uno siente de intenso en la misma medida en que se siente vivo.
    La apertura y la exposición de la gente sensible juega en las dos caras de las emociones. No podríamos saborear tanto las cosas sin estar expuestos a cierta vulnerabilidad y yo no cambio mis mejores momentos por otros más insípidos a cambio de un escudo para la tristeza ni harta’ vino.
    En realidad no creo que la tristeza sea algo que en sí misma duela. En general ninguna de las emociones. Lo que causa sufrimiento es la cabecita que tenemos sobre los hombros cuando, influenciada por nuestra carga emocional presente (positiva o negativa) se vuelve enemiga y se obstina en un metaanálisis demasiado exigente que fija su foco crítico en uno mismo. Pero si aprendemos a frenarla un poquillo, el hecho de comprender que todas las emociones, buenas o malas, son efímeras, de darle a cada una el espacio y el tiempo que requiere y de vivirlas sin sufrirlas, no resulta complicado. Se puede sentir tristeza sin sufrirla (incluso se puede llegar a disfrutar de ella). Cuando uno se siente triste, extraña a alguien, siente algún tipo de distancia que no desea… los paseitos y las tardes también pueden ser estupendas.

    Escribir para liberarse a mí me parece una técnica bonita 🙂
    Yo escribo a menudo, independientemente del estado de ánimo. Escribo cuando disfruto tanto algo que quiero sumergirme en ello y grabármelo a fuego en la piel, escribo cuando me aburro, cuando imagino una sensación o una historia…

    Gracias de nuevo por compartir tu historia conmigo. Seguiremos buscando el alma de las cosas terrenas porque estoy convencida de que nos esperan muchas sorpresas compañera 🙂 Disfruta de tu sensibilidad, que estoy convencida de que es maravillosa.

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