Los días que salga el sol

Los días que salía el sol…
solía pensar que miraba hacia delante sin verte,
que planeaba sin tenerte presente,
que dormía sin miedo a revivirte,
que caminaba sin tropezarme contigo.
Solía pensar que ya no era necesario impermeabilizarme en otros momentos,
que tu recuerdo ya no se ensañaba con la médula de mis huesos,
que ya no arrastraba los minutos sabiendo que no aparecerías,
que ya no me atragantaba sumando un día nuevo a la distancia que me separaba de tu vida.
Solía pensar que ya no comentaba contigo cada cosa que me ocurría,
que ya no me dolía cruzarme con todo aquello que te gustaba…
solía pensar todo eso mientras lo hacía.

Solía pensar, según iba sumando sonrisas, que me había echo fuerte al desenlace de esta historia.
Solía pensar que me había curado de ti…

Tal vez haya sido mi arrebato de sinceridad, harto de ocultar emociones no se a quién si no a mí misma, que me ha permitido colarte por una fisura de mi memoria y arrancar el telón tras el que te ocultaba mi optimismo.
Hubiese agradecido a la verdad más sutileza al descubrirme que aún no te has ido, que siempre has estado presente, que nunca he dejado de sentirte tan cerca como lo hacía cuando descubrí una manera de querer muy alejada al significado que suele guardar.
Me sorprende la fuerza que ejerce sobre mí tu sombra, siendo lo único que me queda de ti. Sombra viva que, sin saber cuánto guarda de real, me confiesa muy lejano el día en que deje de sentirte de esta manera.
Me conformaré con seguir sumando sonrisas y ocultarte tras el telón de lo efímero los días que salga el sol.

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