Sólo el mar en calma

Sólo el mar en calma

Qué sencillo resulta caminar… y qué complicado y arriesgado hacerlo por los escenarios de este rudo marco.
Es injusto tener que andar cautelosa sin poder olvidar la posibilidad de cruzarse con un pedazo de carne deontológicamente podrido para quien el mundo está habitado, únicamente, por él y por innertes objetos de disfrute.
Avidosa por jugar a recorrer mi cabecita regocijándome en mis sentimientos, deseosa por deleitarme palpando los instantes que me van hilando, me descalzo y empiezo a caminar por la arena mojada. Me dejo atrapar por cada pensamiento igual que un niño se deja caer sobre la casilla de la rayuela, pintada con tiza en el suelo, que le retiene a cada salto.Entregada a mi pasada y presente suerte, me dejo abarcar por el sonido del mar, me enredo con el olor de los espetos que, asándose a pie de playa, darán por concluida la noche de aquellas parejas que aguardan sin conversación ni miradas ese plato que se apretarán por inercia. Me dejo mecer por las mismas olas que mecen aquellos barcos que lucen a lo lejos, imaginando la vida, tejida entre redes, de aquellos pescadores o marineros. Disfruto perdiéndome por mí misma, techada y resguardada por las luciérnagas que relucen más que nunca en una noche que da descanso a la luna. Perdida entre las ramas, olvido que la playa no es una barrera infranqueable que separa situaciones en la que mofas, vejaciones y discriminaciones pueden estar presentes escondidas debajo de cada granito de arena. Alguien, dispuesto a recordármelo, franquea su dudosa capacidad distintiva del resto de razas animales invadiendo violentamente mi calma, mi espacio, mi tranquilidad y mi dignidad con un atropello de salvajes obscenidades nacidas de sus instintos más primitivos. Robada la calma ilícitamente, lejos queda mi magia dando paso al corage de que cerrar la boca delante de un imbécil sea, al final, la mejor opción.
No se si odio este mundo o un alto porcentaje de lo que aletea en el.
No será tarea fácil explicar, algún día, que la dignidad no debe verse atropellada a pesar de no comprender la lógica de tanta plaga de principios tan lógrebos y obtusos.Todo cuanto me dijo verbalmente fue “hola guapa”. El resto de ingredientes y el lenguaje no verbal fueron aquello que terminó de colorear la repugnancia de la escena.

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