Un consumo responsable complicado

Un consumo responsable total (industria, comercio, transporte, alimentación, turismo, información…) basado en la justicia y el respeto, sería muy suficiente para cambiar el mundo.
Tan sencillo y tan complicado.
Complicado por muchas razones.
Para ello, en primer lugar, deberíamos querer despertar de esta ignorancia, falsa autora de una vida más práctica, fácil y cómoda.
Creemos ser más felices si perdemos claridad distorsionando la accesibilidad de las opciones tangibles con las que podemos contribuir a este mundo haciendo de él un lugar más digno y más justo. Opciones que nacen del desperezar, contra el que luchamos programadamente, de nuestra conciencia dormida, en una batalla donde lo único necesario para seguir aturdido es dejarse arrastrar por esta corriente que se han preocupado de crear y mantener con vasto caudal.
Continuamente se nos plantean opciones, opciones que plantean cambios que tendemos a rechazar al suponer el abandono de la capacidad de taconear firmes y a tientas sobre una existencia que, aunque resulte vacía, también resulta manejable por ser conocida.
Las opciones asustan. Ver con claridad que hay tanto en nuestro mano por hacer y ser conscientes de que decidimos no actuar sabiendo las consecuencias, supondría un cargo insoportable de conciencia.

Confrontar un cambio es hacer frente a algo desconocido, es evaluarnos intrínsecamente en el dominio de algo diferente y novedoso. Nos da pánico suspender, incluso sin ser condición necesaria previa el hecho de poseer. Los cambios nos paralizan incluso cuando no apostamos nada o cuando lo que tenemos nos resulta desdeñable y mediocre.
Y esque el miedo no es racional, ni siquiera necesita una base sobre la que apoyarse para traicionarnos creándonos su propia realidad.
No tengo ni idea, pero podría ser algo adaptativo e innato. Esto son divagaciones mías (como todo) pero, si desde el momento que nacemos y somos alimentados por una figura superior que vela por nosotros, nuestra realidad no es otra que la de estar dotados de vida, el mecanismo que nos mantiene en ese estado predice que en ausencia de cambios nuestra realidad sería la misma en el instante siguiente.
Es bien sabido que el miedo mueve el mundo y que no existe sentimiento más poderoso. Los mayores negocios de la historia no necesitan más alimento para sostenerse.

Dicen que “La ignorancia da la felicidad”
De verdad?
A qué precio compramos esta creencia?
A cambio de contribuir en primera persona con esta injusticia que está haciendo de nuestra especie algo repugnante, capaz de enterrar con nuestras propias manos los valores primordiales, capaz de arrasar con todo cuanto nos encontramos por delante, independientemente del valor incalculable que guarde.
A cambio de aceptar “simplificarnos” la vida a base de ignorar la realidad, a cambio de disociar el papel que nos corresconde de aquel otro que estamos desempeñando.
A cambio de vender nuestra libertad haciéndonos esclavos de un sistema al que nos vemos obligados a contribuir para satisfacer las necesidades que aceptamos en el mismo contrato.

Un consumo responsable… tan complicado y tan sencillo.
Tan complicado en un momento en el que asusta la poca humanidad que se descubre cada día.
Tan sencillo como entender que otra realidad con conciencia resulta imposible si primero no la hacemos propia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s